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Para una Educación Holística


Para una educación holística.

Eduardo Yentzen

El sistema educacional es de una importancia enorme, y requiere enriquecerse en cuanto a los campos en que forma a los niños y jóvenes, y en cuanto al modo en que les forma.

En lo principal, la educación memorística universal es un aspecto muy parcial en lo que una persona se requiere formar. A la vez, lo memorístico es agotador, pasivo y no enriquece el amor por el aprendizaje. Por otro lado, la información está actualmente disponible a través de las tecnologías, y lo que se requiere más bien es generar habilidades para encontrar y procesar la información, para comprenderla, y para aplicarla. Aparte de ello, hay muchos campos en que las personas necesitan formarse y el sistema no aporta esa formación. Hay muchas habilidades para la vida y para la convivencia que no se están entregando, y el sistema no cuenta dentro de él con las personas que puedan entregar esas otras formaciones. Por ello necesitamos incorporar elementos que enriquecerían los procesos formativos de los nuevos habitantes de nuestro mundo.

Hay un primer elemento tácito u oculto en el sistema educacional, que es su rol primario de institución contenedora de una determinada población. Una primera función que el sistema cumple es el de ‘tener’ y ‘retener’ a los niños y jóvenes dentro del sistema educacional, que es un tenerlo dentro de las habilitaciones o espacios físicos destinados a tal efecto. Esta primera acción antecede a la acción de lo que luego se hace una vez con ellos allí. Incluso el modo de tenerlos allí, el tipo de espacios, su arquitectura, su estética, sus reglas de habitabilidad, son todos procesos formativos tácitos.

Se tiene a los niños y jóvenes en el espacio educacional de un modo análogo a como a los adultos se los tiene en el sistema laboral, a los consumidores en el mall, a los delincuentes en la cárcel, y a los enfermos en los hospitales.

Este ‘tenerlos allí’ a los niños y jóvenes permite a la sociedad contenerlos, controlarlos, organizar su gestión hacia ellos, y formarlos en lo que cree que conviene formarlos. Además, al estar allí no ‘andan dando vueltas haciendo quién sabe qué cosa’, o ‘no andan haciendo maldades’. Y algo no menor, ello permite que no sean una preocupación para los padres, quienes así pueden ‘trabajar tranquilos’.

Cumplida esta primera finalidad no explicitada que es el ‘tenerlos allí’, surge la segunda finalidad, ya explícita, cual es la acción educativa propiamente tal, para llevar a los niños y jóvenes a través de un proceso de enseñanza/docencia o enseñanza/aprendizaje, que tiene como centro real el ofertar sistemáticamente un conocimiento teórico considerado universal, organizado en torno a un currículo, y que dotará a la persona de los conocimientos y formas de pensar que la sociedad ha consolidado.

Este proceso está encomendado a un tipo de profesionales que la sociedad también forma a través de centros especializados, del mismo modo que los otros espacios tienen sus propios profesionales. Ellos son los docentes o profesores, portadores del conocimiento que se desea transmitir y de los procedimientos en que se enseña a transmitir estos conocimientos.

Ahora bien, en el espacio educacional la labor de educar se complementa -como en toda institución que requiere una función de contención- con la función del disciplinamiento conductual, que está entregada a otro tipo de profesionales, cuya acción permite que formalmente se realice la entrega de la enseñanza en el aula.

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